Al-Kindī es el primero de los grandes filósofos árabes. La configuración de su pensamiento se explica gracias al florecimiento de la cultura en Bagdad durante los siglos VIII y IX. Un grupo de pensadores musulmanes conocidos como los mutazilíes y cuyos intereses eran teológicos, recurrieron a la filosofía griega con la intención de refutar a quienes se oponían al islam. En sus orígenes la filosofía árabe-islámica se vincula con la teología islámica. Aunque en un principio la filosofía fue mal vista por los musulmanes más conservadores, tarde o temprano algunos sectores religiosos la utilizaron por motivos exegéticos. La filosofía de al-Kindī está marcada por estos entrelazamientos de la teología y la filosofía.
Como la mayor parte de los seguidores de Aristóteles, al-Kindī piensa en la filosofía primera como la parte más noble y elevada de la filosofía, que conduce al conocimiento de la verdad y la causa primera. Ésta es Dios y, puesto que es Él la causa del mundo, es anterior incluso al tiempo. Para al-Kindī, el fin primordial de la filosofía es el conocimiento de Dios. En este sentido, recurre a la filosofía griega para respaldar el atributo principal que la tradición islámica le atribuye: la unidad. Pero además se suman algunas propiedades provenientes de planteamientos filosóficos, principalmente neoplatónicos: simplicidad, indivisibilidad, unicidad y causa del movimiento. Aunque al-Kindī defiende la unicidad de Dios, propone nuevas consideraciones para lo divino. En la tradición islámica, Dios es una especie de Uno-Absoluto; ya que Él es la divinidad única, todas las criaturas son dependientes de Él y, además, en el Corán se sugiere que el mundo fue creado ex nihilo, con lo cual todo lo creado pende de su Creador. Al-Kindī admite que Dios es un Ser absolutamente trascendente y, por tanto, los atributos que de Él podemos predicar han de ser necesariamente negativos: no tiene materia ni forma, ni cantidad ni cualidad, ni relación, ni género ni especie, no tiene diferencia específica ni propiedades ni accidentes. De estos atributos negativos, es posible obtener una conclusión positiva: es Uno, simple e inmutable.

